56°. "Mi pequeño mundo de a uno" Una reflexión sobre el amor y otros terrores

Varias veces me preguntaron, a raíz del título del libro, si lo mío era a propósito, como un estilo de vida, o quizá una venganza o una promesa secreta. ¿Sos soltera serial por elección? Rápidamente siempre aclaré que era un chiste, jugando con la idea de la asesina serial, y que en todo caso era “serial” porque nada de lo que había probado para dejar de ser soltera me había funcionado. En clave de broma, claro. Pero como en una cebolla, siempre hay algo más debajo de esa primera capa que es la respuesta automática.
Y ese “algo” se me sentó a tomar un café los otros días. Como buena obsesiva que soy, siempre llego temprano a todos lados, y este martes me tocó llegar casi una hora antes a terapia. Así que ahí estaba yo, haciendo tiempo en un café cuando entró un hombre que mi hermana y yo conocimos en la milonga. Me saludó, preguntó si estaba sola y se sentó a mi mesa. Él también estaba haciendo tiempo antes de una reunión de trabajo. Para hacer la historia corta, digamos que la vida me puso delante un espejo, pero invertido. Este caballero trajeado y pulcro era mi doble, en versión masculina. Estructurado, rígido, perfeccionista. Un claustrofóbico emocional con una desconfianza de terror a la intimidad real con otra persona. Y no pude dejar de pensar que desde ese lugar, toda relación está destinada al fracaso. Por eso la serialidad de mi soltería. Esa era la respuesta “real” pero demasiado íntima que debería haberle dado a los que me preguntaron por el título del libro. Pero claro, es una respuesta carente de glamour, de sex and the city, es un anticlímax. ¡Es un embole!
¿Qué originó esta especie de fobia que me hace quedarme más segura en “mi pequeño mundo de a uno”? Eso es material de terapia… Pero tal vez la frase “we are all damaged goods” ayude. Significa que todos en alguna medida somos “cosas dañadas”. Y cada uno adopta mecanismos para protegerse de aquello que nos da temor, que resuena con un pasado remoto o cercano, doloroso y no muy resuelto. (Yo me volví fóbica al amor, otro puede ser el opuesto, es decir pasar de una relación a otra sin intervalos ni discernimiento, otro puede elegir desaparecer en una relación para no tener que lidiar con su propia vida, otro puede aceptar cualquier cosa al lado por temor a la soledad… hay mil posibilidades).
Si pescás que lo tuyo es parecido al bicho que me picó a mí, bienvenido. No pasa nada. No es un estado lapidario del que no se sale. (Ojo que hay personas que son felices en su infelicidad).
Pero si no es el caso, solo hay que ponerse las pilas para verlo (al bicho…) hacerse cargo, y después elegir cambiar. ¿Cómo? Terapia es una buena forma. Hay otras. Todo ayuda. Lo importante como dice el tango es: morder la realidad.
Yo hoy elijo aceptar que sí, que puede ser que en el mundo haya muchos tipos histéricos y minas locas y todas las etiquetas que uno quiera ponerle al otro cuando la cosa no funciona… pero a esta altura del partido y pasando mis cuarenta, prefiero hacerme cargo de que elegí tipos para que me confirmen mi creencia sobre el amor y la vida. (Una creencia estilo película de terror).
Y seamos optimistas, hay de todo en este supermercado de Dios. Está en uno saber qué quiere y entonces, sintonizar los radares para atraparlo cuando la vida te lo ponga más o menos cerca. Amigos, a amar que se acaba el mundo.