57°. Yo me quiero casar, ¿y usted?

Hoy me desperté nostálgica, recordando el programa "Yo me quiero casar, ¿y usted?" de Roberto Galán. Mi abuela Esther lo veía todos los días, religiosamente. No se perdía ni uno. Si la ibas a visitar a la hora del show te tenías que arreglar sola, porque ella se sentaba delante del aparato de televisión en su sofá, y hasta que no terminaba, casi ni te daba bola. Tal vez te hablaba para comentarte de este o aquel candidato, o de alguna señora que a ella le parecía buena moza o que sonreía torcido. Cuando Roberto Galán se despedía de su audiencia hasta el otro día, ella le respondía “hasta mañana”. No muy alto, casi como una confesión. Me llenaba de ternura no sólo porque ella creía fervientemente que las parejas que se formaban eran sinceras, sino porque creía que el conductor, por alguna magia misteriosa, la escuchaba saludarlo. Ella no le hablaba al televisor en otro momento del día, solo a él. Mi abuela era un ser sin maldad, de lo más bueno que conocí en mi vida. Y hoy la recuerdo. Y yo me quiero casar como ella confiaba que sucedía en ese programa, y quiero creer en la magia y el misterio y en todas las cosas bellas de este mundo.